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«Reconocer tu firma es empoderarte como mujer»

En Amics del Moviment Quart Món queremos celebrar el día de la mujer trabajadora hablando con Montserrat Puig, voluntaria, sobre el empoderamiento de las mujeres a través de su labor de alfabetización. Así es como desde Amics del Moviment Quart Món celebramos el día de la mujer trabajadora.

La enseñanza es un sector eminentemente femenino. Montserrat Puig es una buena prueba de ello, con más de 20 años dedicados a la psicopedagogía y la docencia. Cuando miras a los ojos de Montse ves que realmente siente devoción por hacer crecer a los niños/as y adolescentes que han formado parte de su trayectoria vital. Ahora ya jubilada, se centra desde mediados de 2020 en dar clases a mujeres adultas en proceso de alfabetización. Está llevando a cabo esta tarea a través de nuestra asociación.

Montserrat, veinte años de dedicación a la enseñanza. Haciendo un repaso a tu carrera profesional, ¿que destacarías?

Pues destacaría dos grandes tramos o bloques relevantes: Una primera etapa centrada en la enseñanza de niños y niñas entre 14 y 16 años, tenía un aula de atención especial, con chicas y chicos con problemas de aprendizaje que ya habían dejado el instituto. Y una segunda etapa donde fui profesora en un instituto muy cerca de Quart Món, aquí estuve diez años con grupos de atención y de problemática racial y social.

En España el nivel de alfabetización es muy grande comparado con países de América Latina. Sin embargo, según datos de la UNESCO España, la tasa de alfabetización masculina es del 98,93%, un punto por encima del de las mujeres, que se encuentra alrededor del 98%. Este 1% de diferencia ¿crees que tiene un componente de simbología?

Dice mucho de la sociedad en la que todavía vivimos. Tenemos muchos casos de mujeres que llegan a cuarto de ESO, que se gradúan o hacen algún ciclo. Desde la visión de profesorado y mientras están escolarizadas, las mujeres lo toman más en serio, aunque no les ayudan en casa. Muchas de sus madres no saben leer y escribir, pero creo que este elemento cambiará con los años, las mujeres se están implicando más en aprender.

Comentas que muchas de las madres que provienen de la inmigración no saben leer y escribir. En las clases de alfabetización, ¿de qué grado de alfabetización partes?

Estoy dando clase a mujeres que se han casado a los 15 o 16 años y, por lo tanto, dejaron el entorno educativo muy pronto. Alfabetizar significa hacer aprender letra a letra. Las mujeres con las que estoy tienen muchas ganas de aprender, pero también tienen muchas dificultades por el rol que les ha tocado vivir.

¿Cuál es la motivación que ves que tienen a la hora de aprender?

La motivación está muy vinculada a la utilidad en el día a día: leer los carteles de la carretera rápidamente cuando conduces o las paradas de metro. También ven que es una forma mediante la cual se puedan abrir muchas más puertas.

¿Has notado un cambio en las mujeres que se están alfabetizando? ¿Se sienten más seguras?

Les da mucha más seguridad. Terminar firmando en lugar de hacer una «X» es empoderarse, ser capaz de escribir tu propio nombre y reconocer que es tu firma.

¿Comparten con sus familiares lo que van aprendiendo en las clases?

Aquí hay mucho el rol de la mujer fuerte que lleva adelante la familia y que guarda las emociones. Las mujeres son el pilar de la casa, pero la autoridad masculina es relevante en este entorno.

¿Los hijos siguen la tradición familiar y los roles de género?

Con las niñas y niños más jóvenes se empieza a ver un cambio. Con los hijos de 40 años la visión todavía es la misma. Conozco a niñas que han roto moldes, han estudiado y están cambiando estos roles tradicionales de género, las hijas jóvenes están reclamando que se les escuche.

Creo que si consigues ir involucrando a las mujeres, el empoderamiento no se queda solo en el ámbito de alfabetización. Las mujeres comienzan a valorar lo que han tenido que hacer para conseguir la vida que tienen y valorarse a sí mismas.

¿Crees que los grupos de alfabetización permiten crear ciertas alianzas entre las mujeres?

Sí, totalmente. Ayuda que las mujeres se apoyen entre ellas. En el caso de Quart Món se comparten vivencias comunes y tiene mucho que ver con haber vivido ocupar una nave, vivir en chabolas o haber buscado opciones para poder vivir. Que otra mujer pueda entender su vida une mucho emocionalmente.

Este 8 de marzo celebraremos el día de la mujer trabajadora, ¿a lo largo de tu carrera profesional has notado una evolución en cuanto al papel de la mujer en la enseñanza?

Yo es que siempre he sido parte de la reivindicación dentro los centros. He estado en el taller de mediación y una de las tareas que teníamos era el cambio de lenguaje, el cambio de roles, el hecho de ver cómo a menudo aceptábamos cosas que no eran aceptables en realidad, hasta que empezó a haber un cambio desde hace unos cinco o seis años.

Es un proceso lento, pero se empieza a ver. La gente va entendiendo lo que es exigir tu lugar como mujer. Aun así, todavía nos encontramos con reacciones de chicas jóvenes con actitud machista; es importante hacer reflexionar al respecto y hacer acompañamiento. La gente joven tiene otra mentalidad, poco o mucho hemos ayudado a que los jóvenes tomen otro papel. Ahora bien, el centro y el personal educativo que hay es vital para fomentar los cambios.